miércoles, 10 de agosto de 2016

EL BUEN SAMARITANO


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l cuarto viajero
1.ESCUCHALA PARÁBOLA
25
 Se levantó entonces un maestro de la ley y le dijo para tenderle una trampa: —  Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
26 
 Jesús le contestó: — ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?
27 
 El maestro de la ley respondió: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; tu prójimo como ti mismo.
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 Jesús le dijo: —  Has respondido correctamente. Haz eso vivirás.
29
 Pero él, queriendo justificarse, preguntó Jesús: —¿Y quién es mi prójimo?
30
 Jesús le respondió: —Un hombrbajaba de Jerusalén a Jericó cayó en manos de unos salteadoresque, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo mediomuerto.
31
 Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, sedesvió y pasó de largo.
32
 Igualmente un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo.
33
 Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar juntoa él y verlo, sintió lástima.
34
 Se acercó y le vendó las heridas, después dehabérselas curado con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, le llevóal mesón y cuidó de él.
35
 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, diciendo: «Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mivuelta».
36 
 ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos delos salteadores?
37 
 El otro contestó: —El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: —Vete y haz tú lo mismo.
(Lc 10,25-37)
2.CONOCERLMEJO
Podemos entrar en la parábola haciéndole estas preguntas:114

¿Qué nos aporta su contexto?
 Según Lc 10,25 ss, Jesús cuenta esta parábola pararesponder a la pregunta de un escriba acerca del prójimo. El escriba se mueve en elmundo del
 saber,
 pero Jesús intenta sacarle del ámbito de las teorías para llevarle a loconcreto del
hacer.
 La escena que sigue a la parábola (Lc 10,48-52) transcurre enBetania, en casa de Marta y María. Este texto se ha explicado con frecuencia diciendoque la acción es inferior a la contemplación. Pero hay que entenderla más bien como unaviso a quien está dispuesto a obedecer la orden de Jesús al escriba:
Ve y haz tú lomismo,
 para que su
hacer 
 no esté contaminado de activismos y ansiedad, sino que nazcade la escucha de la Palabra, con la seguridad de que esa Palabra enviará siempre a lascunetas de los caminos. 
¿Quién se consideraba «prójimo» en tiempos de Jesús?
 Según la Mishna (un textode leyes judías compiladas), un sacerdote está por encima de un levita, un levita por delante de un israelita, un israelita por delante de un bastardo, un bastardo por delante deun prosélito y un prosélito por encima de un liberto. 
¿Quiénes son los personajes?
 Excepto el posadero, todos son viajeros: el que cayóen manos de bandidos, el sacerdote, el levita y el samaritano, que es «
el cuarto viajero
». 
¿Quién ocupa el centro del relato?
 El hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó yque carece de identidad o de razón social. Reducido a la impotencia, tiene un rol centralaun dentro de su pasividad y todos los personajes se definen a favor o en contra de él: esasaltado, desnudado, molido a palos, dejado medio muerto, compadecido, vendado,conducido, cuidado... Pasa de
viajero
 a
cuerpo inerte
 y, abandonado por unos;reencuentra vida gracias a otro. 
¿Qué preguntas se intercambian? Al escriba que buscaba un saber «informativo
» preguntando: «¿Quién es mi prójimo?», Jesús lcambia su pregunta por esta otra:«¿Quién se hizo prójimo para el otro?». Frente a la pregunta: «¿Qué significa amar al prójimo?», su respuesta es: «¿Cuál de los tres ha dado pruebas de amor?»«La proximidad no puede ser fijada por la leyes algque nace gracias al amor. La tentaciónde trazar una línea y el que alguien se atreva a cruzarla, parece un fenómeno universaldel género humano. El doctor de la ley traza una línea poniendo límites al amor y Jesúsla atraviesa» (J. W. Sider)
28
. 
¿Qué acciones realiza el samaritano?
 Llegó, vio, se conmovió, se acercó, le curó,vertió, le montó, lo llevó, lo cuidó, sacó, dio, dijo, pagaré… 
¿Cómo se comportan los otros personajes?
 Los salteadores le golpean, desnudan ydejan medio muerto; el sacerdote y el levita pasan de largo; el posadero hace honor a sunombre, acoge al herido y se fía de la promesa de retorno del samaritano. 
¿Qué nueva identidad recibe el samaritano al final?
 El que socorrió al herido115

aparece al comienzo como «
 samaritano»,
 pero, al final, su nombre nuevo es «
el que secomportó con misericordia
». Nombrar a un samaritano en tiempo de Jesús despertabarecelo y rechazo hacia un pueblo, geográficamente próximo al judío, pero alejado de él por viejas enemistades acusaciones de heterodoxia. El escriba que había comenzadohaciendo preguntas a Jesús, debió sobresaltarse al tener que responder él mismo a su pregunta sobre el prójimo y ni siquiera quiso que lpalabra «
 samaritano
» manchara suslabios, por eso le llamó: «
el que tuvo compasión
». Pero al ponerle un nombre y sin ser consciente de ello, estaba haciendo algo que en la tradición bíblica es signo de autoridady señorío (los animales pasaron delante de Adán en el jardín para que él les diera unnombre. Cf. Gén 2,19) y que Dios mismo ejerce al cambiárselo a Abraham, a Sara o aJacob (Gén 17,5.15; 32,29). También Simón, hijo de Juan, recibirá de Jesús su nuevonombre de Pedro (Mt 16,18) y Saulo pasará a llamarse Pablo. El nombre nuevo delsamaritano, «
el que tuvo compasión»,
 coincide con uno de los atribuidos al Mesías:Menahem («consolador») es uno de sus nombres que, como el Siervo de Isaías 53,carga con los sufrimientos humanos y lleva hasta la humillación, el oprobio y la muerte,todo peso y todo dolor. 
¿Quién tiene la última palabra?
 La pronuncia Jesús diciéndole al escriba: «
 Haz lo mismo
». No es una consigna de imitación de un comportamiento ejemplar: ofrece unmodelo para explorar las relaciones con el otro, sin que se pueda prever qué hacer y por quién. Jesús ni argumenta ni impone: sabe que la parábola encontrará su destinatario enquien se deje tocar hasta el punto de hacerse vulnerable a la irrupción del otro. 
¿Qué aprendemos del samaritano?
 El protagonista de la parábola hace su apariciónen medio de signos de muerte: un hombre apaleado y despojado y dos hombres, unsacerdote y un levita, que pasan de largo sin socorrerle. Entra en escena desprovisto derecursos: no pertenece a ningún centro de poder que lo respalde y le garantice prestigio oinfluencia; es extranjero, viaja solo y no cuenta más que con su alforja y su montura, pero tiene lmirada al acecho allá adentro, su corazón ha vibrado al ritmo de Otro. Yentonces hace el gesto mínimo e inmenso de aproximarse al hombre caído. Cuando otroslo han esquivado, sin dejar que les hiciera mella dejarlo atrás, él se siente afectado por elherido y responsable de su desamparo. La urgencia de tender la mano al que lo necesita pospone todos sus proyectos interrumpe su itinerarioLa inquietud por lvidaamenazada del otro predomina sobre sus propios planes y hace emerger lo mejor de suhumanidad: un yo desembarazado de sí mismo.La corporalidad del samaritano aparece perfectamente integrada: su mirada le conectacon el corazón que se conmueve, sus pies le llevan a acercarse al herido, sus manos lecuran y le cuidan y, en la posada, compromete a favor suyo su palabra sus recursos y su promesa de retorno. El texto da cuenta de una conmoción de sus entrañas: hay en él un«seno materno», una «matriz de vida» para el hombre medio muerto en el camino queva a volver a nacer gracias al cuidado del samaritano. Todos los verbos de los que es protagonista están dirigidos haciel otro, él aparece como alguien que se ha vaciado116

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